Mi aspiradora robot volvió a atorarse con la cortina.
Mismo lugar, mismo problema. Me mandó un mensaje de auxilio… y se quedó ahí.
Y pensé (esto se parece mucho a algunos equipos que he liderado) 🤖.
Son autónomos, eficientes y saben moverse bien… hasta que el entorno cambia o aparece un obstáculo inesperado.
Entonces necesitan una pausa, un empujón, o simplemente que alguien los observe con atención.
¿Qué cambió esta vez?
No fue la aspiradora.
(Fui yo).
En el pasado, yo habría arreglado el cordón de la cortina. Esta vez, le enseñé a mi hijo cómo ayudarla a salir y le expliqué por qué se atora.
Su respuesta: “¿Y por qué no aprende?”
Gran pregunta (en teoria para eso tiene una vision de IA).
Eso es lo que intentamos todos los días (aprender) 🧠. Como líderes, como padres, como profesionales frente a una tecnología que evoluciona más rápido que nosotros.
Y me lo llevo al trabajo.
Cuando una campaña no da resultados, o cuando una herramienta de IA alucina un concierto de Maná en una junta escolar (historia real), el tema no es solo “¿cómo lo arreglo?”,
sino “¿cómo enseño mejor?”
¿Cómo construimos sistemas (humanos o artificiales) que aprendan con el roce, no a pesar de él?
A veces, los mejores aprendizajes no llegan en medio de una gran decisión.
Llegan cuando menos lo esperas… como en un rincón de la sala, con una cortina y una aspiradora robot atascada.
¿Y tú?
¿Cuál fue la última vez que una situación cotidiana te dejó una gran lección? ✨