El Atlantic relató un episodio difícil de procesar (la verdad me genero desagrado): Jim Acosta entrevistando en Substack a un chatbot que “reanimaba” a Joaquín Oliver, un adolescente asesinado en Parkland.
La voz y las respuestas fueron creadas con IA a partir de escritos y videos caseros, con la aprobación de sus padres.
El resultado fue para mi , más que incómodo: animaciones rígidas, tonos extraños, frases hechas como si fueran comunicados de prensa (el famoso uncanny valley en esplendor). Y sin embargo, alguien aprobó todo ese espectáculo. Varias personas, en realidad. Ese es el punto inquietante: la cadena de decisiones que nos lleva a aceptar que algo así “está bien”.
El artículo plantea una idea clave (en medio de otros puntos que no comparto): tal vez el riesgo de la IA no sea solo su poder, sino que sea “suficientemente buena” para infiltrarse en todo sin cuestionamientos. No milagrosa, no catastrófica… simplemente aceptada.
📌 La pregunta que me queda es:
¿Qué es más perturbador: una IA demasiado poderosa o una mediocre que normalizamos sin pensarlo?
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