Hace muchos años, mi profesor de matemáticas avanzadas me introdujo al libro de Alvin Toffler, El shock del futuro. Desde entonces, el avance tecnológico se convirtió en una pasión mía. Poco sabía que casi 20 años después seguiría recordando los aprendizajes de este libro, publicado en 1970.
Hoy tuve la oportunidad de platicar con directivos de un importante grupo empresarial en México sobre inteligencia artificial. Un grupo mezclado: marketing, sistemas y otras áreas. Mientras charlábamos, para algunos era claro el “shock del futuro”, donde la abundante oferta del mercado sobre AI les impedía tomar buenas decisiones. Para otros, la transitoriedad se notaba en sus expresiones poco sorprendidas, pues su experiencia ha sido tan distinta a la de sus colegas.
Y es que cualquier persona que ha trabajado en un corporativo ha experimentado que la tecnología muchas veces promete, pero rara vez entrega. Esto sucede a todos los niveles; de lo contrario, nadie pediría ayuda para conectar el proyector y tampoco nos frustraríamos cuando no podemos imprimir ese documento porque no hay tinta amarilla. Un problema muy común que me platican en estas sesiones es por dónde empezar o cómo transformarse y, para mí, el problema es enfocarse en la herramienta y no en la transformación.
Conforme las organizaciones avanzan con miedo de ser rebasadas por la competencia, creo que es importante “desinflar” la tecnología, entenderla como una herramienta y no olvidar que son los humanos y sus ideas quienes realmente solucionan las cosas. Con tanto pasando al mismo tiempo, estamos en el proceso de emerger como una nueva sociedad, pero debemos vivir el proceso y seguir adelante.
Así como una oruga puede verse frustrada al no poder viajar más allá de su rama, si se prepara y deja todo a su tiempo, pronto podrá gozar de su nueva condición después de salir de su crisálida, y quién sabe, en una de esas, ayudar a alguna amiga que esté atrapada por su indecisión de seguir adelante.
https://lnkd.in/eCNpsNHK